A ratos siento envidia -sana, si es que existe- de las familias que se empapan del espíritu navideño con la llegada de diciembre. Veo y leo familias llenas de tradiciones familiares y pienso en que sería lindo hacer – tener algo similar. Lo cierto es que en un hogar compuesto por familia de ateos, masones y agnósticos, no es algo que tenga mucho sentido.
Para mí, en particular estas fiestas siempre han sido de dulce y agraz. Por una carga familiar que he heredado (hija de padres separados y la melancolía de estar con uno de los dos) y ahora que he formado “familia” por la constante tensión de “donde y con quién pasamos las fiestas?”.
Este año no ha sido diferente, ya a fines del mes pasado empezó la consulta familiar y claramente empezaron las tensiones. Que si en casa, que si en casa de la suegra, que si en casa de mi madre. Afortunadamente, para mi suegro no es tema importante y se acopla donde decidamos, y mi padre para estos efectos no existe, porque de verdad, 2 actores más en este debate no lo resistiría.
En lo personal, desde que Mathilda nació he tenido que transar mi estado de confort (quedarme en casa y el que quiera venir que venga, bienvenido) por la oportunidad de que disfrute de sus abuelas y abuelo. No se si ha sido lo mejor para mí o para nosotros como pareja, pero si tengo claro que ha sido lo mejor para ella.
Y aunque como mujer, tengo mi “orgullo” un poco lastimado, como madre estoy tranquila.
Finalmente, Navidad será en casa de mi suegra. Año nuevo en nuestra casa.












Para mí estas fiestas no significan nada, no soy creyente y como mi familia tampoco está muy unida, ni nunca lo estuvo, me pasa un poco como a ti y siento un poco de envidia de aquellas familias que, llegada esta época del año, disfrutan compartiendo mesa.
ResponderEliminarBesotes y felices fiestas
P.D.: Mathilda etá guapísima y muy grande