El comienzo de nuestra historia
podría graficarse como la película “tienes un e-mail”. Nos conocimos a través
de un portal web y nos presentó su primo a través de MSN. Desde ese día,
vinieron meses de conversaciones vía PC y telefónicas. Ciudades distintas, vidas
casi resueltas. Ninguna intención de tener pareja formal, ambos.
Hasta que decidimos conocernos, personalmente.
Día sábado AM, un llamado. Voy en camino y me quedo hasta el lunes. Debo admitir que en ningún momento pensé que podía correr peligro. “Nos conocíamos” hace meses. Sabíamos de nuestros gustos, familias, trabajos, proyectos, sueños, amigos/as.
Sólo faltaba dar el paso y vernos. Ambos, aclaramos al otro, que no buscábamos nada “serio”, nuestras rutinas no daban para complicaciones (…y amor de lejos, amor de pendejos!).
Cuando nos despedimos, algo había cambiado. Yo secretamente pensaba “quizás podría funcionar” y el me escribía desde su celular un mensaje que decía “quizás escupí al cielo, quiero que lo intentemos”.
El fin de semana que siguió, conocí a su familia. A los 2 meses, nos compramos un departamento. A los 3 meses, él se cambió de trabajo y ciudad, para vivir juntos.
Los que nos rodeaban, a diario preguntaban si lo pensamos bien o si simplemente podían declararnos insanos mentalmente.
Nosotros, apostábamos a ganador.
Hemos tenido altos y bajos, ha habido momentos de llantos y dudas, pero han primado las risas, la alegría, la certeza, el respecto, la capacidad de ponerse en el lugar del otro …. el amor.
Hoy se cumplen 10 años.
Y aunque nunca me pidió “pololeo”
y el matrimonio nunca ha sido un tema para ninguno, nosotros celebramos.












