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20 ene 2012

7. Etiquetas, pero a mi (nuestra) manera

Una de las cosas que me han sorprendido -gratamente- en este maravilloso camino es la cantidad de mujeres y hombres -colegas en la maternidad- inmersas/os en la blogósfera y redes sociales, reunidas/os en torno al tema que convoca. Una especie de tribu2.0 o si quieren mamis high-tech, con quien puedes compartir, desde distintos puntos de vistas, espacios -experiencias- comunes.

Antes que todo, confieso que no soy una mamá muy “letrada”. No leí los típicos libros de “que esperar cuando esperas”, “como ser mamá ideal”, y cuanto libro han escrito respecto del tema. Básicamente, porque no tuve tiempo (mis 4 primeros meses no existí, tuve depresión post parto y con mucha suerte y ayuda logro recordar algunos pasajes y los siguientes coincidieron con un Diplomado que me obligó a leer otros temas), ni muchas ganas tampoco. De plano, recién me estoy poniendo al día en retomar la lectura, y voy con calma. No obstante, en ese tanto ir y venir, me he topado con 3 temas -desconocidos en mi mundo pre maternal (léase, antes de quedar embarazada)- y que más de una polémica han generado: Apego, Lactancia y Colecho.

En general, no dejan de sorprenderme las posturas rígidas e intransigentes. Esas que van diciendo que es blanco o negro y que los matices no existen. Pues la vida, me ha enseñado que si los hay y que no todo en la vida es tan estructurado. Me he topado, acá y en 3D (entiéndase como en persona de carne y hueso) mujeres exponiendo su forma de maternar-criar y gran debate se puede generar.

Y hace rato me da vueltas, eso de ¿cómo crias tu?.
Pues -supongo- yo crio a mi manera. Y no creo estar equivocada, en que la mayoría está haciendo lo mismo: Crio con un profundo amor, tratando de ser la mejor madre que puedo ser.

Y si de etiquetas se trata, pues capaz que las tengo, pero a mi manera.

  • Soy lactivista. Entendiendo que al serlo, priorizas el derecho del bebé/niño a ser amamantado y de la madre a amamantar, a demanda, en cualquier lugar, sin miradas ni comentarios de desaprobación y hasta que el niño lo desee, y en la medida de lo posible. La lactancia es un tema, y tan personal, que creo que no soy quién para juzgar a aquellas madres que no quieren practicarla por voluntad o que no pudieron por factores externos (y quién se mete en esa vivencia tan personal u sugiere que por que no das teta o no diste determinados meses eres infrahumana, que me perdone, pero me parece una falta de criterio).  En mi caso, di teta hasta los 7 meses, alternada con “relleno”. Si, relleno, ese Nestlé que muchas critican. Pues cuando vi que mi hija prematura no llegaba a un peso saludable y que literalmente, quedaba con hambre, opté por complementar su alimentación (mi máxima preocupación en ese entonces era que ella pudiera tener lo que requería). No me arrepiento. No soy mejor ni peor madre. Creo que el establecer un real vínculo con tu bebé, va más allá de la lactancia.
  • Colechamos. En nuestra cama somos 3. No se si alguno a favor del colecho. Quizás 1 (la beba). La verdad, más que por convicción, por que fue lo que nos toco, se dió solo, por comodidad. De haber podido, la habría cambiado a su cuarto (que harto dedicamos en arreglarlo) a los 3 o 4 meses de nacida. Pero no, hija prematura, no regulaba temperatura, lloraba cada vez que estaba en su cuna y se enfriaba, terminamos los 4 primeros meses practicando la técnica “canguro”, y fue lo único que dio resultado para que dejara de llorar, para que ambos padres primerizos e inexpertos pudieramos dormir. Cuando creció, se quedó en la cama. Era eso, o no dormir. Porque dejarla llorar 2 horas para que durmiera de agotamiento nunca ha sido opción -léase también que tampoco he logrado aguantar verla llorar por más de 10 minutos- no es sano, para ninguna. Es rico colechar, no lo niego, sentir su respiración o sus manitos en mi cara buscándome, no tiene descripción. Ver que en medio de la noche se abraza a su papá, me llena de ternura, etc. Pero convengamos y sinceremos que también tiene sus desventajas. Por más grande que sea la cama (y nosotros cambiamos una grande por otra extragrande) siempre duermes en el larguero. Ni hablar de cómo se resiente la vida conyugal. Amo a  mi hija con todo mi ser, pero también quisiera que duerma toda la noche y en su cunita.
  • Criamos con apego. Si eso se entiende como criar con empatía y velar por bienestar de tu hijo/a, respetar el hecho de que cada familia es un mundo y cada bebé una personita individual que tiene gustos, emociones, necesidades distintas, que necesitan tiempos distintos para madurar. Pues entonces, crio con apego. Porque no me vengan con eso del Checklist que da la receta mágica de apego y que si no la cumples al 100%, te pueden decir “tú crías con apego y tú no”. El apego, en mi opinión, va más allá de si trajiste colgado a tu hija/a en un fular, si le diste teta 2 meses o 3 años, si dormiste o no con el/ella, o si te quedaste en casa  renunciando a tu trabajo y desarrollo personal por estar con él/ella (¿creerán que porque volví a trabajar, alguna por ahí me dijo que no criaba con apego?). Esas convenciones conmigo no van. Para mi criar con apego es amar, es estar , y cuando digo estar hablo de estar al 100% con (y para) él/ella (sin importar que sean 24, 10, 7, 2 hrs.) cuando te necesite. Apego es lograr conectarte con el/ella, con sus necesidades, respetarles... lo que implica dejar de enseñarles. Apego también es dar lo mejor de ti. Y si. Crio/amos con apego.
Buen fin de semana!
 

Escrito con amor por Creciendo JuntasElisa | Tecnología Blogger | Plantilla diseñada por Rockaboo Designs | 2012