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16 feb 2012

17. Mi cesárea, mi experiencia


ANA ÁLVAREZ
Fotografías en el libro «Cesárea, más allá de la herida»

A propósito de las estadísticas nacionales e internacionales respecto del número de cesareas programadas. Y de la entrada en el blog de Sarrai Llamas.
Me quedé pensando, y recordando mi experiencia.
Desde que supe que estaba embarazada, y se hizo público mi estado de “Preggy Girl”, una de las preguntas frecuentes a la que me vi sometida fue: ¿Cómo vas a parir?, que si normal, que si natural, que si cesárea. 
Después de leer e informarme{nos}, la opción fue parto normal, natural. Cuando lo mencionaba, me miraban con cara de “te golpeaste la cabeza”? e incluso más de alguna me señaló que estaba loca, que la epidural para ellas había sido lo mejor de la vida –ever – y que incluso de estar solteras, le habrían propuesto matrimonio al anestesiólogo que las atendió.
Yo lo quería natural, un parto humanizado, mío, nuestro. Pues uno propone, y Dios dispone, dirán algunos. Ley de Murphy, dirán otros.
Rompí fuente 1 mes antes de lo esperado, presión arterial por las nubes {básicamente por los nervios}, mi gineco-obstetra fuera de la ciudad {y no alcanzaba a volver}, 1cm de dilatación. Por decisión médica {yo la verdad, tampoco la cuestioné y es que en esos momentos sólo quería que mi beba no corriera riesgos} terminé con una cesárea.
  • No sentí contracciones, así que no puedo opinar de cuanto duele o no parir una criatura {ni mucho menos, pude ofrecerle matrimonio al anestesiólogo}.
  • No pude ver a mi hija salir de mis entrañas {de paso, estaba un poco drogada, así que no tengo mucha claridad en los recuerdos}
  • Durante todo el tiempo, sentía caer lágrimas de mis ojos, de pena {por perderme el momento tan ansiado}, de alegría {por que finalmente la tendría en mis brazos}.
  • Cuando la escuché llorar -tardó varios segundos en hacerlo- {ella prefirió mirar todo con sus ojazos primero}, respiré en paz, lloré de felicidad.
  • No pude tenerla en mi pecho inmediatamente, pues una pequeña complicación hizo que el equipo médico volara a neonatología con ella.  Cuando se la llevaban, envuelta, sentí miedo.
  • Agradezco al profesional que se detuvo unos segundos para mostrarme su carita diminuta {era lo único que vi, unos ojos enormes bien abiertos y un seño fruncido igual al mio}, por acercármela para darle un beso, por ponérmela en la mano y permitirme{le} decir “todo va estar bien bebe”.
  • Agradezco a Papáenrodaje, por sostener mi mano en todo momento, por acariciarme el pelo y secar mis lágrimas durante la intervención. Por relatarme, {al estilo de radiopatio} todo lo que acontecía detrás de esa sábana verde.
No la parí, me la sacaron. Lo cierto es que hay veces en que el parto no es como lo habías soñado.

Aun así, no me siento una madre de segunda categoría. Coincido con Sarai, no existen madres serie B.

"Con gozo o con dolor, con alivio o con rabia, siempre queda una marca (...) Con la fuerza que da recordarse herida y saberse curada" - Ibone Olza.
 

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