27F es una fecha para recordar en mi país. Hace 2 años, un 27 de febrero de 2010, ocurrió el terremoto grado 8.8 y posterior maremoto, que estremeció a nuestro país.
Muchas personas quedaron sin sus familiares, sin sus casas, sin sus amigos, sin sus mascotas. Es triste recordarlo y más triste aún ver que algunos aún siguen esperando por reconstruir sus casas.
Uno no puede quedar ajena a tanto dolor. Muchas familias quedaron sin sus padres, muchas sin sus hijos. Antes ese dolor te toca, pero no logras comprenderlo del todo. Ahora que soy madre, me conmueve de una forma inexplicable, y es que uno logra empatizar y comprender lo que puede llegar a ser la pérdida de un hijo, o imaginarse a tu hija, sola sin sus padres y es imposible no conmoverse.
Gracias a Dios, no tuve pérdidas familiares. Tampoco materiales, sólo una puerta, que tuvimos que literalmente romperla para poder entrar al departamento.
Mis recuerdos para esa madrugada son haber estado en la playa, en un resort, esperando la madrugada con ansias, pues ese día 27 se casaba mi cuñada. Estabamos ambas familias reunidas (del novio y la novia). Cuando dimensionamos la magnitud del desastre (pensamos que solo había sido un temblor más, pues donde estabamos se sintió fuerte, pero no como terremoto), m máxima preocupación era lograr comunicarme con mi madre (que estaba sola en la capital, SCL) y permanecer tranquila.
Ese día, me sentí madre por primera vez.
Tenía casi 7 semanas de embarazo, estaba acostumbrandome a la idea de ser mamá. Asimilando mi estado.
De un día para otro, sentí la tremenda responsabilidad de cuidarme, de mantener la calma en medio del tremendo caos (posteriores replicas del terremoto duraron meses, creo que todo el embarazo), para que no le pasara nada a mi Mathilda.
Ese día, despertó mi instinto maternal; ese del cual alguna vez dudé.